EXPERIENCIA DOCENTE COMO RESIDENTES DE MEDICINA DE FAMILIA EN LA UNIVERSIDAD DE GRANADA

Lo que no se conoce no existe, no se piensa, no se desea. Según el Ministerio de Sanidad, se producen más de 400 millones de consultas al año en Atención Primaria, donde se resuelven más del 90% de ellas[1]. En el último examen MIR de 2017, cerca del 28% de los presentados que optaron por una plaza escogieron la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria[2]- aún así, la OMS y otros expertos recomiendan que la mitad de los médicos de un sistema sanitario deben serlo de Primaria[3][4]. Por otra parte, diversos autores y sociedades científicas han llamado la atención sobre la falta de continuidad entre la formación de grado y la formación especializada en esta disciplina[3][4]: hay una disparidad evidente entre la nula o escasa formación curricular en el grado sobre la disciplina de Medicina de Familia y Atención Primaria y la considerable proporción de personas que luego se dedican a la especialidad. En nuestro caso, nunca oímos hablar sobre longitudinalidad, técnicas de comunicación o activos en salud durante los 6 años formativos en la facultad. El choque luego con la realidad es enorme —y emocionante—, y esta invisibilización no sólo está presente en la formación de grado y en el alumnado, sino entre los restantes especialistas, y, por qué no extenderlo, entre el resto de la sociedad en su conjunto —que solicita a su Médico de Familia que lo derive al “especialista”—. Escoger especialidad —como Medicina de Familia—, entre otras cosas, también viene determinado por el contenido de los planes de estudio, los tipos de departamentos existentes o la especialidad de los docentes que imparten las distintas materias[3][4]. Si no hay asignaturas dedicadas a Medicina de Familia y Atención Primaria —desde donde se atienden más de 400 millones de consultas con un 90% de resolución de éstas, o a la que se dedicarán más de un cuarto de los presentados al MIR—; si no hay docentes especialistas en Medicina de Familia que impartan dichas materias, la especialidad no se conoce, no se piensa, no se desea.

Con la implantación del Plan Bolonia, los nuevos estudios de Grado y el Espacio Europeo de Educación Superior, el papel docente de la Medicina de Familia y Atención Primaria en las aulas de la universidades españolas empieza a ser una realidad. Según el informe SESPAS de 2012, el contenido curricular estipula el carácter obligatorio en 3 facultades nacionales (comparativamente con países del entorno, y a modo de ejemplo, en Alemania e Irlanda se imparte en 4º, 5º y 6º curso; en Austria conlleva 120 horas en total; y en Reino Unido está presente en el 100% del período formativo clínico). No fue hasta el curso 2016-2017 cuando se creó la Unidad de Medicina de Familia en la Universidad de Granada[5], ciudad donde desempeñamos actualmente nuestro trabajo como residentes. El plan de estudios de dicha Universidad contempla una asignatura obligatoria en sexto curso, llamada Atención Primaria, de 9 créditos, y otra asignatura optativa en cuarto curso, llamada Atención Primaria orientada a la resolución de problemas de salud, de 3 créditos. En total, si se escoge la optativa, 12 créditos de un total de 360, lo que supone un 3.33% del total de los créditos de los planes de grado[6]—recordamos una vez más ese 28% de los que escogieron la especialidad en el último examen MIR de 2017—.

Es en este contexto de implantación de la especialidad en las universidades, y concretamente en la Universidad de Granada, cuando en el verano de 2017 surgió algo poco frecuente en estos ámbitos: un profesor da la oportunidad a médicos residentes de impartir un seminario. No extraña tanto cuando el profesor es el mismo que es un poco tutor y un mucho ejemplo para todos nosotros. Este profesor nos propuso realizar un seminario sobre Salud Comunitaria en una de las dos asignaturas de Medicina de Familia y Comunitaria que se imparten en la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Nos propuso el tema general y nos dio libertad absoluta a la hora de impartirlo; solamente nos pidió que intentáramos llegar a los estudiantes y que el seminario fuese lo más participativo posible.

Lo primero que nos asaltó (tras una oleada de alegría) fue la duda de cómo proceder, pues la mayoría de nosotros no había tenido formación en Medicina de Familia en la Universidad, y mucho menos en Salud Comunitaria. A pesar de que se contempla en el plan formativo del residente de MFyC, no parece que la Salud Comunitaria sea algo prioritario en la formación de los futuros médicos de familia. Parece tener más que ver con el interés personal del residente y de la conciencia y experiencia de su Centro de Salud. Así pues, nos pusimos a trabajar en una bonita terraza del Albayzín y empezamos por preguntarnos cómo un equipo de Atención Primaria vira su mirada hacia la Comunitaria.
Partiendo de la premisa de que lo que no se conoce no interesa y no le damos importancia; nos parecía extraño que un equipo de Atención Primaria entendiera la relevancia del entorno en la salud de las personas sin salir de las paredes del Centro de Salud. Intuíamos
que tenía que haber un punto de ruptura, en el que el sanitario pasa del modelo biologicista al modelo biopsicosocial. Por la tradición de nuestros centros de salud, partíamos con ventaja. A nuestro parecer tenía mucho que ver uno de los temas y competencias fundamentales de la Atención Primaria de Salud: la Atención Domiciliaria. Sobre la misma, señalamos sus múltiples ventajas, pero sobre todo nos centramos en ella como primer paso para salir de la zona de confort de la consulta y entender lo complejo de los procesos de salud y enfermedad. Acudiendo a los domicilios conocemos el ambiente más próximo de las personas, sus redes de apoyo, estilos de vida, limitaciones en el acceso al sistema sanitario, dinámicas familiares… Iniciado el proceso, decidimos hablar también de la durante tiempo tan olvidada Promoción de la Salud. Se abría el bloque más difícil pues había que abordar muchos conceptos en general nuevos para los estudiantes, pero que son necesarios para ir introduciendo los determinantes sociales de la salud. Decidimos centrar este bloque en la metáfora del río de la vida de Antonovsky, ilustrada por Lindstrom, y presentar los proyectos de promoción de la salud que se desarrollan en los centros de salud de los que venimos.

Y por último, un bloque más en boga en los últimos tiempos: Activos en Salud y Prescripción Social. Ya teníamos esbozados los contenidos, ahora hacía falta un hilo conductor. De nuevo nos hicimos una pregunta ¿Cómo nos hubiera gustado que nos impartieran este seminario?. Si pensamos en las razones que llevaron al profesor a confiar en nosotros, la clase magistral no debía ser una opción. Teníamos que intentar llegar a los estudiantes, moverlos a participar y a hacerles sentir que forman parte del proceso formativo. Dado que se trataba de la asignatura de Atención Primaria basada en resolución de problemas de salud, decidimos articularlo como un caso clínico integral; empezando por un enfoque clínico para poco a poco ir abriendo el abanico de enfoques y alternativas. En ese momento se encendió la bombilla… ¿Cuándo se ha hecho algo parecido?

Efectivamente, nos dimos cuenta de que los vídeos promocionales del primer congreso de La Cabecera se adaptaban perfectamente a nuestro seminario, así que tras pedir permiso a las autoras (que aceptaron gustosamente) nos pusimos a trabajar. Sentir ese cosquilleo en el vientre como cuando nos enfrentábamos a un examen de la facultad —un cosquilleo muy distinto, que es más bien intranquilidad e insomnio, al que se siente antes de una guardia— nos envolvía a todos antes del estreno. Hace muy poco estuvimos ahí, en ese lado que nunca dejamos y ahora también hacemos nuestro; somos como ellos, ellos serán nosotros: todos la misma cosa, la misma causa. No queríamos defraudar, hacerlo bien, no distanciarse de la tierra como algunas de esas decimonónicas clases que tanto criticábamos en los tiempos en que sentados en los pupitres mirábamos hacia arriba. Queríamos estar todos sentados a la par, al menos metafóricamente, las sillas dispuestas en “U” que un alumno agradeció al finalizar uno de los seminarios. Caras expectantes, silencios incómodos, una risa al fondo del aula que rompe el hielo y suaviza la voz trémula que abre la charla. Y poco a poco la cosa fluye en experiencias compartidas, en dudas sin resolver, en preguntas que nos llevan a otras tantas. La residencia, además de su gran demanda asistencial —a veces desbordada por circunstancias que escapan a lo meramente formativo— no debe hacer caso omiso a un papel fundamental en el residente: la docencia, tanto hacia sí como hacia los demás. Es otra forma de visibilizar lo invisible, de dar a conocer lo que no se piensa, de hacerlo todo un poquito más deseable.

Texto:

Rafael Ávila Moreno, R3 MFyC CS Cartuja (Granada) Adrián Cardo Miota, R2 MFyC CS Albayzin (Granada)

PD: Casi desde el inicio del trabajo pensamos en la importancia de evaluar la experiencia, por lo que, con ayuda de compañeras más avezadas en estas lides nos pusimos manos a la obra, y en ello andamos….

PD2: Si estáis interesadas en dar un taller similar en vuestra ciudad, estamos gustosos de compartir los materiales que hemos utilizado.

Bibliografía:

[1]Ministerio de Sanidad, Igualdad y Política Social. Sistema Nacional de Salud.España; 2010. Disponible en:http://www.msps.es/organizacion/sns/libroSNS.htm.

[2]Elaboración propia con datos de MIR entrelazados. Disponible en: https://gangasmir.blogspot.com.es/

[3]V. Casado Vicente. La Medicina Familiar y Comunitaria va a la Universidad. Atención Primaria, 47 (2015). Disponible en: https://goo.gl/RptbzD

[4]V. Casado Vicente, P. Bonal Pitzb, J.M. Culacón Arenal, E. Serrano Ferrández, F. Suárez González. La medicina familiar y comunitaria y la universidad. Informe SESPAS 2012. Gaceta Sanitaria, 26 (2012), pp 69-75. Disponible en: https://goo.gl/SLWPjT

[5]Página web de la Sociedad Andaluza de Medicina Familiar y Comunitaria (SAMFYC). En: https://goo.gl/Lrt4XG

[6]Web de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Disponible en: https://goo.gl/b9hWb2

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